miércoles, 17 de agosto de 2011

Talbot y Muybridge vistos con triple visor temporal

Lugar: Carrer de l'Aurora, 11 bis (Barcelona)
Talbot & Muybridge
© Ilkhi, 2004

En mi opinión, hablar de un lugar que ha dejado de existir lo hace más atractivo. Este lugar era el Centre Internacional de Fotografia de Barcelona, su creador, Albert Guspí. Cuando en 1978 abrió sus puertas en la calle Aurora, enseguida se vio que no era una más de las pocas escuelas de imagen existentes en aquella España, de finales de los 70, con una democracia recién estrenada. Su intención era otra, se proponía cubrir lo que desde las instituciones no eran capaces de llevar a cabo. Sería pionera Universidad de la Fotografía que perduraría hasta 1985.

Lo que he contado en el primer párrafo es historia conocida, pero no vivida por mí. Lo que sí viví, sucedió, en el otoño de 2004, cuando acudí a Barcelona y descubrí lo que había sido el CIFB; fue al asomarme a la ventana de la habitación donde me alojaba, en el momento en que se expuso ante mí aquel mural: "capilla sixtina de la fotografía" pintado en 1978 por Arranz-Bravo y Bartolozzi. Era un mural sui géneris en el que estaban retratados grandes fotógrafos que habían ido tejiendo la historia de la fotografía. Saqué mi fotómetro Bewi de la mochila y medí aquella luz reflejada en el silicio, acto seguido, mis dedos aplicaban los datos obtenidos a mi cámara Balda, convertida en tercer visor que captaba la escena.

A través de aquella ventana/visor podía ver, a mi izquierda, a William Henry Fox Talbot con su sombrero de copa. Lo pude imaginar, cavilando ante su cámara lúcida como si en los efluvios de su pensamiento, que vagaban por la pared, se pudiera leer las palabras que Talbot escribió el 5 de octubre de 1833, después de dibujar (con la ayuda de su cámara lúcida) la Villa Melzi en el lago Como, en el mismo lugar donde yo había estado (el 2 de octubre de 2000) dibujando con sanguina la continuación de aquel paisaje talbotiano que bajo la fina lluvia se fundía con mi dibujo en un tiempo inmensurable.
"How charming it would be if it were possible to cause these natural images to imprint themselves durably, and remain fixed upon the paper."
A mi derecha, veía la pintura dedicada a Eadweard Muybridge; se habían inspirado en su libro Animal Locomotion, 1887. En esta pintura, la inclemencia del tiempo había dejado su huella (este mural había sido restaurado en 1997) sin embargo, aún se podían adivinar los movimientos corporales que Muybridge había querido detener con su batería de cámaras como quien detiene el movimiento inexorable de una rueda dentada del tiempo.

La clave era y es el tiempo: siempre está escribiendo, lo haga a través de los dedos de un hombre prehistórico (grabados rupestres), un tallo vegetal biselado (escritura cuneiforme), un escoplo de cantería (piedra de Rosseta), unos tipos, de madera o plomo, entintados (imprenta), un cono de luz incidiendo sobre los haluros de plata (fotografía) o unas celdillas de luz, llamadas píxeles, que no cesan de escribir sobre la pantalla de la VIDA.


Continuación intemporal del paisaje visto por Talbot en 1833
dibujado por mí, en el lago Como, bajo la niebla y el zirimiri.
Dibujando con/sin el tiempo
© Ilkhi, 2000

2 comentarios:

  1. ...Y la única forma de anular el tiempo (lograr el acto in-temporal) es sumergirnos en él, entrar perpendicularmente a él, como lo hace la luz...
    :)
    Gracias por recordar en esta exposición tan rica en conocimiento como (¿cómo?, ¿no es lo mismo?:) ) en poesía.
    Un beso

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  2. Hola, Sofía, gracias a ti por leerlo. Respecto a esas "dudas" que tienes entre conocimiento y poesía, pienso que el conocimiento cobra vida cuando le acompaña la poiesis
    En cuanto al tiempo, cuando nos sumergimos en él (tal y como dices en tu comentario) quebrantamos todas las leyes de la física, pero sublimamos la metafísica.

    Abrazos entre luces

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