domingo, 22 de mayo de 2016

Seudoparadojas y seudoironías de la historia

En 1999 se editó el libro Historia de Bilbao: de los orígenes a nuestros días, editorial Txertoa, del escritor Pedro Ugarte. Cuando pasa a relatar lo que los franquistas llamaron “liberación de Bilbao” y los nacionalistas vascos por un lado y republicanos por otro “la entrada en Bilbao del ejército rebelde”. Lo hace de este modo:
”Por fin, entre el 18 y 19 de junio, las tropas de Franco entraban en Bilbao. No faltaron entre los boinas rojas, una parte importante del heterogéneo ejército rebelde, evocaciones históricas ante lo que por fin era, tras tantos intentos fallidos a lo largo de los últimos cien años, la toma definitiva de la ciudad resistente, que hasta aquel mismo momento había podido ostentar con fundamento el título de invicta. Las ironías de la historia, sin embargo, siempre han sido amargas: al fin y al cabo ahora lo hacían al servicio de sectores políticos vizcaínos muy concretos, los que habían prosperado en Bilbao (y los que sin duda habían hecho prosperar a la ciudad) gracias a las derrotas de sus directos antepasados”.
Lo que no cuenta Pedro Ugarte es que esos "sectores políticos vizcaínos muy concretos” que habían prosperado en Bilbao gracias a las derrotas infligidas a los carlistas en el siglo XIX, eran tan CONTRArrevolucionarios en 1937 (ésta era su alianza tácita con los boinas rojas) como lo habían sido sus enemigos los carlistas en 1835, 1836 y 1874 cuando intentaron tomar Bilbao, además, defendían el mismo capital y la misma ética que habían defendido sus antepasados, tanto si eran liberales como carlistas. Es decir, “ironías amargas” las justas. Lo que nos ha mostrado la historia, en todo momento, es que en la guerra lo que prima son los intereses económicos y éticos. Por lo tanto, analicemos la historia en sus justos términos.

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