martes, 20 de octubre de 2015

Detalles de Palermo y Catania en Trinacria (Sicilia)

Anillos de fundición para fogón de carbón en Via Calderai (Palermo)
© Ilkhi, 2015

Estatua de mármol en la Fontana Pretoria (Palermo)
© Ilkhi, 2015
 
 Porta Nuova (Palermo)
© Ilkhi, 2015
 
Aplicaciones cosmatescas en la Capilla Palatina (Palermo)
© Ilkhi, 2015

 Mercado de la Pesquería (Catania)
© Ilkhi, 2015

Impactos de bala de la Segunda Guerra Mundial (Catania)
© Ilkhi, 2015

   Limpieza recostada sobre balde de tiempo (Catania)
© Ilkhi, 2015
  
 Monte Rosso, borde superior de un cráter en Etna Mongibello (Catania)
Los/las sicilianos/nas llaman Monti Rossi (Montes rojos) a la parte superior de los cráteres
© Ilkhi, 2015

Recuerdo el amanecer en la Via Calderai de Palermo como una película negativa sumergida en el rebajador de Farmer, disolviendo los haluros de plata y mostrando la luz allí donde estaba la sombra. Cuando alborea el día en Palermo es como si apareciera ante nuestros ojos un grabado tridimensional de Pirenesi. Los caldereros suben las persianas de sus negocios y sacan sus productos a la calle con un estruendo ferruginoso que inunda la calle como una gran orquesta que afina sus instrumentos en el foso de un teatro. Acostumbrado como está el norte de Europa a unas ciudades que son una amalgama entre un quirófano y un tanatorio, Palermo, por el contrario, está "sucia" y viva. Los cinco sentidos se disparan cuando paseas por sus calles y mercados callejeros. Sus fachadas y el empedrado de sus calles nos muestran las heridas que la luz, el agua, las diversas temperaturas y las vidas que los/las palermitanos/nas han dejado a lo largo del tiempo.

Catania ha resurgido de las cenizas que ha dejado el Etna durante milenios. Su mercado de la Pesquería es uno de los más bellos que he visto en Europa. El rojo de la sangre de sus peces se funde con el óxido de hierro que corona los cráteres del Etna. En las fachadas de algunos de sus edificios aún se pueden ver las heridas (impactos de bala) que dejó la Segunda Guerra Mundial. Mientras que Pirenesi en Le Carceri d'Invenzione graba escaleras que no llevan a ningún sitio y poleas que no sirven para alzar ni descender nada, estas paredes catanesas, acribilladas por las balas, graban en nuestras mentes el horror de la guerra sin ningún afeite. Me gusta esta ciudad donde la memoria se hizo lava incandescente y habita entre nosotros.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario