lunes, 15 de mayo de 2023

Unamuno ahíto de paisajes, pero hambriento de campos

Fotografía realizada por José Suárez en La Flecha (Salamanca) en1934
Aspirando paisaje se goza de los mayores placeres de la vida.
Miguel de Unamuno, 1897

Últimamente he leído artículos de ambientalistas, biólogos y especialistas en agroecología que utilizan profusamente la palabra "paisaje" cuando se refieren al campo, sin darse cuenta de que es como darle la puntilla a todo lo que tiene que ver con lo rural, pues un campesino jamás llamaría "paisaje" a lo que ve y transforma cotidianamente. Además, se corre el peligro de convertir a los campesinos —a los pocos que quedan— en jardineros de la naturaleza: cuidadores de un parque temático que no tiene un afuera, ya que está en todos los lugares.

Unamuno decía que sus conciudadanos estaban "despaisajados", y aducía que a finales del siglo XIX y principios del XX los ciudadanos de las grandes urbes habían perdido el contacto con los espacios naturales. Unamuno pensó que la solución era "paisajar" a aquellos ciudadanos, sin tener en cuenta el punto de vista de quienes mejor conocían el medio ambiente natural, es decir, los campesinos que siempre estuvieron "despaisajados", pero rebosantes de saber y sentir en el campo. Por el contrario, los urbanitas lo que tenían y tienen es un exceso de "paisajismo" que no les permite ver el campo, si no es con un espejo de Lorena* contemporáneo que distorsiona la visión del campo.

La escritora e historiadora Rebecca Solnit nos muestra el momento histórico en que se produjo este cambio de paradigma, en su ensayo Wanderlust, Viking Penguin, 2000. «Since the eighteenth century, nature has been imagined as scenery». Así era cómo Unamuno veía el paisaje, como el "fondo de escena" de un teatro. De hecho, la asociación que hizo Unamuno entre el paisaje y las obras artísticas ya la había hecho antes  el artista y clérigo inglés William Gilpin en su libro Essay on Picturesque Beauty publicado en 1792; donde enseñaba a la gente "cómo" mirar un paisaje.


De aquellos "paisajes", estos campos desolados y vaciados de seres humanos, en los que el sector agropecuario preindustrial es un anacronismo, y el industrial un fracaso.

* El espejo de Lorena lleva el nombre de Claudio de Lorena 1600 - 1682, un pintor paisajista francés, por las reminiscencias estéticas de sus pinturas. Es un espejo pequeño con una ligera forma convexa y cuya superficie es de color oscuro. Lo utilizaron, en los siglos XVII, XVIII y XIX, artistas, viajeros y amantes de las pinturas de paisajes. El espejo de Lorena simplifica el color y toda la gama tonal de las escenas reflejadas en él, resultando un efecto pictórico. El usuario daba la espalda a la escena para observar la vista enmarcada en el espejo.